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PEDRO CASALDÀLIGA: 90 AÑOS DE CAMINADA Retrato en catorce imágenes (I)

Autor | Autores: 
JUAN JOSÉ TAMAYO

Juan José Tamayo

Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”. Universidad Carlos III de Madrid

(publicado en el blog de Juan José Tamayo: amerindiaenlared.org

 22 de febrero)

Una Iglesia en conflicto con el latifundio

Cataluña es la patria de Pedro Casaldàliga y Balsereny (Barcelona) el pueblo donde nació hace 90 años en el seno de una familia campesina. En 1968 su vida dio un giro copernicano: partió como misionero claretiano a Brasil y nunca más volvió a su tierra natal, ni siquiera con motivo del fallecimiento de su madre. Así lo prometió cuando se embarcó camino de América Latina y, fiel a su promesa, lo ha cumplido. Pero lleva a Cataluña en el corazón y en la cabeza. Allí tiene sus raíces, su familia, sus amigos y amigas, organizaciones solidarias con sus proyectos de promoción y liberación.

Patria suya es también Brasil, donde llegó como misionero claretiano en 1968. Tres años después era elegido obispo de Sâo Félix do Araguaia, en el Mato Grosso. Todo en aquella ordenación episcopal fue distinto, nuevo, original, heterodoxo, revolucionario, pero entonaba perfectamente con el paisaje y el paisanaje, con las personas que acompañaban a Pedro y participaban en la celebración.

Sus insignias episcopales fueron un sombrero de paja que le entregó un líder campesino, un remo-borduna hecho de ‘pau-brasil’ por un indio tapirapé, ofrecido por el jefe de la tribu, a guisa de báculo pero con un significado distinto, un anillo donado por amigos españoles, que devolvió a España para su madre. “No tengo ningún capisayo ni pienso llevar ninguna insignia”, confesó. Y lo ha cumplido.

El mismo día de su consagración episcopal publicó una Carta Pastoral subversiva titulada Una Igreja da Amazônia em conflicto com o latifundio e a marginalizacâo, que puso en guardia a los detentadores del poder: dictadura militar, terratenientes, políticos. Su difusión fue prohibida por el director de la policía federal. De entonces para acá no ha cesado de sufrir persecución por parte de los poderes que se han aliado para atentar contra el “profeta de los pobres”. El Mato Grosso era una región con un elevadísimo grado de analfabetismo y marginación social y donde reinaba el más salvaje latifundio. “En esta zona –escribía- se mata y se muere más que se vive. Matar o morir es más fácil aquí, más al alcance de todos, que vivir”. 

El propósito de Casaldàliga era construir una Iglesia comprometida con las aspiraciones reivindicaciones de las comunidades indias, afrodescendientes, de los posseiros y peones, sin honras ni poder, en lucha contra el latifundio y toda forma de esclavitud. Una Iglesia, por ello, perseguida por los dueños del dinero, de la tierra y de la política, sin ‘tiburones’ ni explotadores del pueblo, formada por pequeñas comunidades de base desparramadas por las calles y sertâos, con una estructura participativa, corresponsable y democrática.

Iglesia popular y teología de la liberación

Ese modelo de Iglesia no se quedó en el papel de la Carta Pastoral, sino que pronto se hizo realidad en Sâo Felix, como estaba sucediendo en otras iglesias de América Latina, dando lugar al nacimiento de la iglesia de los pobres, que durante los  pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI fue siendo desmantelado poco a poco por el Vaticano. Es esta iglesia popular la que se encuentra en la base de la teología de la liberación -guía ideológica de Casaldàliga-, que él mismo cultiva creativamente a través de sus libros de gran hondura espiritual, sentido místico, inspiración poética, denuncia profética, carácter social, actitud revolucionaria y, sobre todo, con su ejemplo de vida.

Una teología que, a pesar de las permanentes sospechas y condenas de Roma, sigue viva y activa en el nuevo y ahora poco esperanzador escenario latinoamericano, y se reformula en los nuevos procesos históricos con la incorporación de nuevos protagonistas: comunidades indígenas, campesinas, afrodescendientes, movimientos feministas, ecologistas, interreligiosos, LGTBI, y de nuevas categorías: interculturalidad, diálogo interreligioso, feminismo, ecología, territorio, agua, vida, martirio, etc.

Fue en el Mato Grosso donde se despertó en él la conciencia global e internacionalista, hasta convertirse en el obispo más “católico” en el sentido etimológico del término: “universal”. Una conciencia global que ha desarrollado a través de la defensa de las causas de los perdedores de la historia y del apoyo a los movimientos de liberación del mundo entero.

En ese sentido, Pedro es, un ejemplo de globalización desde abajo, desde las víctimas, en otras palabras, de la alterglobalización de la esperanza frente al pesimismo instalado en la sociedad. O mejor dicho, ejemplo del movimiento glocalizador, que compagina las causas y las luchas de emancipación de los pueblos locales y las globales  

Por todo ello no tardaron en llegar las persecuciones de los diferentes poderes confabulados: militares, terratenientes y políticos protectores de los latifundistas, incluido el Vaticano, tras la muerte de Pablo VI –que siempre le protegió-. “Quien toca a Pedro toca a Pablo”, decía el Papa. Se sucedieron las amenazas de muerte y los atentados contra su vida, en uno de los cuales fue asesinado el sacerdote Joâo Bosco.

16 de febrero, efemérides para festejar y mirar al futuro

El pasado 16 de febrero Pedro cumplió 90 años. Una efemérides para celebrar, conmemorar, festejar, para hacer memoria subversiva de una vida igualmente subversiva, como él mismo reconoce: “Me llaman./Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha vivo./ Con mi pueblo en marcha voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”. Una vida comprometida con las causas de liberación de los pueblos oprimidos que, según su humilde decir, “son más importantes que mi vida”.

Pero es también una efemérides para mirar al futuro con esperanza en medio de la oscuridad del presente y de los nubarrones que se ciernen por doquier, y muy especialmente en Brasil, donde una cuádruple alianza entre la oligarquía –principal blanco de sus críticas-, el neoliberalismo –al que llama la gran blasfemia del siglo XXI-, una parte de la judicatura y la “bancada parlamentaria evangélica” ha derrocado a Dilma Rousseff, presidenta elegida democráticamente, ha colocado al frente de la República a un presidente que está al servicio de la oligarquía y quiere impedir a Lula ser candidato a las elecciones presidenciales de 2018.

Durante varias décadas he mantenido una fluida comunicación epistolar con Pedro. He leído sus textos. He seguido su itinerario vital e intelectual. He escuchado testimonios de amigos comunes. Le he enviado mis libros, el último Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2017) hace escasamente una semana. En 2012 le dediqué Invitación a la utopía con estas palabras: “A Pedro Casaldàliga, profeta de la utopía-en-acción con la mirada puesta en Otro Mundo Posible”. Su respuesta agradecida y con sentido del humor fue: “me has canonizado en vida, cuando soy un pecador”  

En sucesivos artículos de este blog desarrollaré, en catorce imágenes, la originalidad de su pensamiento, la ejemplaridad de su vida y las causas por las que ha luchado y han dado –y siguen dando- sentido a su fecunda y larga existencia: 1. Poeta. 2. Revolucionario internacionalista. 3. Intelectual crítico. 4. Ecologista. 5. Defensor de las causas indígena y negra.  6. Defensor de la causa de las mujeres. 7. Opción por el diálogo intercultural, interreligioso e interétnico. 8. Obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélica. 9. Profeta. 10, Místico y contemplativo en la liberación. 11. Teo-poeta de la liberación. 12. Misionero al servicio de la liberación. 13. Obrero de la utopía en construcción. 14. Espiritualidad contrahegemónica.

 

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